Visitarte en el ocaso / Cuando tu sangre palpitaba
Guardar tu aliento entre mis venas / Aferrada a la vida
Morías entre cafetales, Entre flores blancas
Tu grito ¿gritaste? / Que maldijo al verdugo en tu agonía
Se quedó entre nosotros, tus hermanos.
No descanses en paz / Como no asumimos tu muerte en silencio,
Aún nos queda mucho por hacer / Tienes miles de sueños que concluir
Miles de manos que estrechar. Nos reclama la vida otro esfuerzo
Construir un país distinto, Con gente distinta
Seguimos juntos Digna, en este sueño.
23 de octubre de 2001.
Antonio Cerezo Contreras (leer todo).
“… ¡Salud, compañeras! La anarquía
Y trémola el pendón libertador;
¡Hurra, hermanos queridos, a la lucha!
¡Fuerte el brazo, sereno el corazón!...” (leer todo).
Nos educan para que amemos lo que nos aplasta. lo que nos hiere. Para que nos quedemos ahí donde nos humillan y nos violan. Para que nos aferremos a "dioses inventados" que nos devoran, para mantenernos inmaduras, como eternas hijas menores de edad. (Parafraseando a Liliana Mizrahi) (leer todo).
¿Acaso las madres somos concientes de nuestro aporte a las tasas de natalidad, a los relevos generacionales, a las guerras y los malditos ejércitos?, ¿nos damos cuenta de que creamos y entregamos materia gris, sangre joven, carne de cañón o de diván, mano de obra, fuerza de trabajo, esperanza, futuro...? No tenemos capacidad de decisión sobre el porvenir de la población que generamos. La ley religiosa y civil pretende convencernos de que no podemos elegir. Liliana Mizrahi.
(leer todo).
La asesinaron soldados a la orden de aquellos que un día fingieron ser sus compañeros. Así murió una mujer ejemplar, una combatiente insigne. No solo escribió libros
fundamentales sino que en la acción demostró su heroísmo. El río recibió esa flor que parecía quebrada por la derrota, vencida por los traidores. Pero esa rosa fue sembrada en el agua y el agua se convirtió en tierra. La rosa se multiplicó y de ella nacieron cien mil flores rojas cuyos pétalos volaron por las calles, por los campos, por los caminos, por el cielo. Nadie puede matar las rosas que nacen de la inmortal tierra del pueblo.
Fernando Lamberg, 2009 (leer todo).
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